El Negro Álvarez: memorias de un imprescindible de la cultura cordobesa

El Sol del mediodía cae a plomo sobre Córdoba. Las aguas poco transparentes del Suquía corren encorsetadas por el cemento. Los semáforos se ponen en rojo, amarillo y verde en descoordinada policromía. El periodista marca el número telefónico del entrevistado bajo la sombra de una tipa, en la costanera. Desde Buenos Aires, Carlos Alberto Álvarez, el Negro, atiende el llamado.
El Sol se queda quieto en la vertical mediterránea. La brisa se atenúa. Los bocinazos se silencian. Los semáforos quedan intermitentes. El tiempo se detiene… El Negro Álvarez hace memoria. Habla, y dice:
“Yo he contado cuentos de toda la vida. Y se me ocurrió el personaje porque nosotros íbamos a una peña que se llamaba “El Caserón”, hace muchísimos años, después de cantar con el Dúo Argentino. Teníamos el show, nos íbamos a esa peña a tomar y comer algo. A esa peña iban siempre Cognigni, el “Gordo” Oviedo, el “Pelao” Alonso, “Cascote”, unos personajes que había ahí… El dueño era el Carlitos Tamame. Y había un mecánico al que le decían “Cara ‘e lluvia”, que me admiraba a mí y entonces me decía: “¡Ohhh, vó cómo cantai! ¡Só un mostro…! ¡Cómo tomái vino…! ¡Só un mostro…! ¡Cómo contái cuento…! ¡Só un mostro...!”
“Cuando sale lo del programa de radio, como yo cantaba un gato de otro personaje de “Hortensia”, que era “El gato del choripán”, entonces empiezo a cantar eso y decía “el mostro”, “el mostro”, y quedó “El mostro del choripán”. Y ahí quedó eso que me puso el “Cara ‘e lluvia”. Yo utilicé su apodo, su agrandarme con ese adjetivo, y de ahí quedó “El mostro”. El personaje se presentaba con un mameluco de mecánico, en vez de cinto tenía un cable atado, y alpargatas, porque al nombre me lo puso aquel mecánico. A él le decían “Cara ‘e lluvia” porque tenía los párpados entrecerrados, como para que la lluvia no le moje los ojos. Son esos sobrenombres que solamente en Córdoba se ponen…”
El “mostro” se cansa de triunfar
“Al personaje lo había hecho primero con Claudio Salinas, con no tanta repercusión. Y con el “Caballo” Ponti también. Pero con el que se logra el éxito es con Ercilio Pedro Gianserra, que había llegado a LV2 desde Rosario, que lo trajo la Organización Ida, que era del que fue presidente de Talleres, Amadeo Nuccetelli. Él lo trae a Ercilio y me buscan a mí, y hago un micro en el programa de Gianserra, un micro de humor, y ahí fue donde explotó”.
Foto: Facebook.
“Yo decía lo que pasaba, que se detenía Córdoba, porque, valga la pedantería, todo el mundo se paraba a escuchar el micro. Era tremendo. Por eso le hice una canción, que le puso música Walter Valentino, que era la característica del programa y decía:
‘Ya viene el “mostro”, ya viene el “mostro”,
detiene todo si empieza a hablar,
si los carteros quedan parados,
seguro el “mostro” contando está
alguna historia, alguna frase,
ya viene el “mostro” del choripán’.”
La Córdoba del Negro
“En un momento yo vendía publicidad en el Diario Córdoba y en Tiempo de Córdoba. Para la Revista Hortensia también. Ese era un momento espectacular. Aparte Córdoba tenía peñas, se guitarreaba. Como no había tantas universidades en el país, entonces venían a Córdoba capital a estudiar gente de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, del Litoral. Entonces las guitarreadas eran espectaculares, de música folclórica, folclore de todas las regiones. Yo decía, en el buen sentido, que era difícil ser bueno en Córdoba en ese momento porque era todo diversión.”
“Mostro” bueno, monstruos malos
“En este caso, el “mostro”, que es la palabra monstruo trasladada al cordobés básico, el “mostro” no era el monstruo de lo malo, sino el monstruo de lo bueno, el “mostro” de la canción, el “mostro” del humor, el “mostro” del asado. Era un adjetivo calificativo pero bueno. No de monstruoso, de un asesinato, no. No era el significado malo sino que era como decir: ‘sos un capo, sos un groso’. Ese era el significado del ‘mostro mío´”.
“Un monstruo en otro sentido, fue la época de los militares, que la sufrimos mucho. Yo he tenido compañeros, pero compañeros no por Peronismo, compañeros por compañerismo; exiliados. A mí mismo me allanaron una vez la casa, me hicieron como un simulacro de fusilamiento. Fue una época muy difícil… Y después, épocas económicas, de toda la vida. Yo me acuerdo del Rodrigazo… Para colmo éramos jóvenes, recién empezábamos, no nos alcanzaba ni para tomar un café en Vía Veneto. Fue una cosa tremenda. Después el Corralito… Qué se yo. Tantas cosas en este pobre país. Yo escuchaba hace tiempo que los tres países del futuro iban a ser Australia, Canadá y Argentina. He estado en los dos países, en Australia y Canadá, son una maravilla. En cambio en Argentina hemos venido a los tropezones siempre.”
El “mostro” asustado
“En la memoria no me acuerdo haber tenido un miedo especial, llamémosle al ‘cuco’. Si, una vez, en el campo, en San Javier, donde vivía mi tía abuela y donde yo veraneaba, había un pequeño convento donde decían que había una monja que se había muerto y se aparecía. Una vez, yo tendría unos 13 años, voy a acompañar a una chica desde la casa de mi tía, que tendría la edad mía. Doce o trece años. Y la voy a acompañar hasta la casa de ella, caminando por un camino de tierra. Era un pueblo San Javier en el medio de la sierra… Iba un poco asustado, pensando que tenía que pasar por la puerta donde decían que aparecía la monja. Cuando pasé con ella, la tomé de la mano… Qué se yo, ella habrá pensado que era por cariño. Y era un poquito por susto… Apoyándome en ella, en la mujer… La chica esta era de Rosario. Y cuando volví y pasé por ahí, sentí como una voz y salí corriendo, tropecé con una piedra, me caí de rodillas y me lastimé. Ese es un recuerdo de un susto… Fue como el ‘Vó só de aquí, tení que entrá…’, como en el cuento del cementerio, jajaja…”
Nota de Redacción: la entrevista fue realizada por Miguel Angel Perin en octubre de 2019, pero por diversos motivos nunca fue publicada. Hoy Región Objetivo hace justicia con el artista, un referente de la cultura cordobesa.









